Tradición, continuidad y pureza son los términos que emplean los expertos para definir a la
Pues bien, sobre las 8:30 h daba comienzo la séptima
Marcha P.C Contraviento con 123 kms de aventuras por delante. El pelotón,
guiado por el coche de dirección, ponía rumbo a Las Pedroñeras a través de una
carretera de altiplanos y buen firme. Estos 20 primeros kms. sirvieron para calentar
y poner los músculos a tono. Dejando atrás Las Pedroñeras a buen ritmo, el gran
grupo ponía la cruz roja en El Pedernoso, su próximo destino. Durante estos
kilómetros todos pudieron disfrutar de la variedad cromática del paisaje
manchego: los verdes de las cebadas tempranas en contraste con el resultón rojo
amapola y el ocre de las cosechas maduras. Un bonito decorado.
Superada la localidad de El Pedernoso el pelotón giraba
dirección a Belmonte donde llegaría el primer tramo libre. Una suelta de 8kms donde
los ciclistas debían enfrentarse al exigente "Muro de Bellmont" con
rampas del 10% y a pies de su majestuoso Castillo. ¿Os acordáis del sabor a
Clásica?
Antes; un pequeño alcance acabó con varios corredores
en el asfalto. Por suerte no fue nada grave y todos pudieron continuar tras
pasar por el taller de chapa y pintura (servicios médicos): Javi Chusqui y Dani
Vieco sois unos titanes.

Tras el reagrupamiento era momento de coger aire y bajar
pulsaciones pues en apenas 10 kms había otra batalla que lidiar en el Alto de
Fuentelespino. La
caravana ciclista se ponía de nuevo en marcha en dirección a Osa de la Vega,
por una carretera con buen firme y sin apenas tráfico. El sol hacía ya acto de
presencia y le daba calor a una fantástica mañana; ahora bicis y maillots
lucían en todo su esplendor pintando de colores el gris asfalto. Las risas y
comentarios inundaban el pelotón, era momento de disfrutar aunque no por mucho. Antes de entrar a Osa un giro
repentino a la derecha presentaba una carretera estrecha.
Una vez más, el pelotón se ponía en marcha para
completar la última parte de la etapa. El gran grupo consumía kilómetros de
manera constante, serpenteando entre curvas, repechos y cruces. Así se llegó
hasta Alconchel de la Estrella que vio fugaz como la comitiva desaparecía y la
normalidad reinaba de nuevo en la pequeña localidad. Ahora era el turno de Villalgordo
del Marquesado, apenas una calle cruzaba el pueblo, pero fue suficiente para
que los lugareños salieran al encuentro del acontecimiento ciclista. Miradas
atónitas y alguna arenga espontánea. Se aproximaba la última suelta y la
tensión se palpaba. Es como cuando te juegas todo en el examen final, los
parciales ya no cuentan. Era el momento decisivo para unos y el momento de relajarse
para otros, los galgos hacían uñas para estar bien colocados en la aparición
del banderazo, mientras atrás se preparaban para ver en primera plana el
destrozo que se produciría en el pelotón.

Pues bien, el momento llegó. J. Domingo (race director) sacó pito y bandera a pasear y la marcha quedó libre. Ahora los ciclistas tenían 25 kilómetros hasta meta, con la dura subida adoquinada al Castillo de Garcimuñoz. El pelotón se hizo añicos en las primeras rampas del Castillo. Por delante el ritmo infernal de Luis Alberto (Bicicletas Piña), campeón del "Muro Bellmont", hizo la selección de siete corredores: Pablo Pello (BH Concept), Alberto Ponce (3HCycles), Emilio (Mesevasola), Nacho Caniego (Contraviento), L. Javier (Contraviento) y Alberto Rubio (Contraviento). La "tete de la course" pronto aumentó la distancia con el resto, mientras que los demás trataban de subir las duras rampas al máximo de sus capacidades. Era importante coronar la pequeña cota y buscar un grupo en el que integrarse para completar los últimos 15 kilómetros del recorrido. Kilómetros de rodar. Si las duras rampas del interior del pueblo no eran suficientes el adoquín provocaba el incontrolable bote de la bici. Ciclismo clásico en su máxima expresión. Todos los ciclistas coronaban al límite de pulsaciones y con las piernas ya bien calientes; una bonita subida que exigía lo mejor de cada corredor.
La buena organización de los siete escapados les permitió sacar unos
15" a un numeroso grupo perseguidor. Por
detrás, se volaba para dar caza a la escapada y cada grupo posterior apretaba
al máximo para conseguir absorber a los ciclistas que les precedían. Una auténtica guerra. Las velocidades eran de vértigo y cada conjunto de ciclistas se
organizaba para obtener el máximo rendimiento de sus corredores. Los relevos se
sucedían. Era momento de meter piñones, agarrarse fuerte al manillar y sufrir.
La gente del pueblo agradeció con sinceros aplausos la llegada de cada
corredor. Desde el ganador al último ciclista, todos y cada uno dentro de sus
posibilidades habían dado el máximo y los aficionados así lo agradecieron. Con
la entrada del último ciclista se ponía fin a la VII Marcha Contraviento. Ahora
tocaba el "tercer tiempo": comer, recuperar y comentar la prueba.
Esto gusta y también es ciclismo.
Por último agradecer a todos los ciclistas su asistencia, así como a la
ambulancia y equipo médico, motoristas voluntarios, guardia civil, azafatas
Contraviento, protección civil, patrocinadores, nuestro alcalde y ayudantes y
por supuesto a nuestros grandes fotógrafos/as.
El año que viene más y mejor. Muchas gracias.
El año que viene más y mejor. Muchas gracias.
C.F.M